Estas últimas tres semanas he tenido la fortuna de participar en el curso de inducción para empresarios de empresas creativas que promueve FONDESO, ha sido una experiencia muy gratificante y renovadora.
Después cuento más.
Estas últimas tres semanas he tenido la fortuna de participar en el curso de inducción para empresarios de empresas creativas que promueve FONDESO, ha sido una experiencia muy gratificante y renovadora.
Después cuento más.
En la mañana de hoy me enteró de la tristísima noticia de que se ha caído un árbol, no es un árbol cualquiera, que cae en medio de una vialidad cualquiera y que interrumpe y colapsa la vida de pocos en minúsculos momentos; este era un árbol de historia, incluso el árbol tenía su propia fundación, encargada de cuidarlo, regarlo, reproducirlo, y evitar que terminara como terminó, y si vanos son los esfuerzos del ser humano para retrasar lo inevitable, por inevitable que es en sí mismo.
Es un árbol que tuve la oportunidad de mirar de la misma melancólica manera que todos los ahí presentes, un árbol que conocí muchísimos años antes de siquiera imaginar que podría verlo, un árbol que simboliza la irónicas necesidad de soñar y de mirar hacia arriba y de esperar que las cosas cambien y que sigan su curso y que reflejen el paso de tiempo, retratando las temporadas, las estaciones y en este particular caso, las esperanzas.
Y sí el árbol tuviera un nombre, más allá del genérico que le define, etiqueta y separa del resto, un nombre único, que le individualiza, pero aun sin tenerlo ya ha hecho historia, por ser referente en una historia de dolor que nos compete a toso, los nuevos, los viejos y los que ya no están.
Y el árbol, que Anna Frank pudo ver desde su refugio-escondite, que le enseñaba el tiempo transcurrido y que permaneció más de lo que naturalmente hubiera logrado por méritos propios hoy se vende a trozos como reliquia dieciochesca que no representa sino el consumismo estoico de una época sin ideales ni esperanzas, vivir del pasado y recordarlo es un poco loco, pero es mejor que ni siquiera conocerlo y no dejarse tocar.